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 BEHIND
THE SUN - HINTER DER SONNE
| Land: |
Brasilien/Frankreich/Schweiz |
| gedreht: |
2001 |
| Länge: |
115 min |
| Sprache: |
Original mit Untertitel |
| Darsteller: |
José Dumont, Rodrigo
Santoro, Rita Assemany |
| Verleih: |
Constantin Film |
| Regie: |
Walter Salles |
Synopsis:
Nach seinem Erfolgsfilm "Central Station"
präsentiert uns der brasilianische Regisseur Walter Salles
in "Hinter der Sonne" ein emotionales Blutrachedrama voller
emotionaler Kraft und Bildgewalt. Erst die Liebe zur Feuerschluckerin
Clara und der Tod eines unschuldigen Kindes lässt den jungen
Tonho aus dem ewigen Zirkel der Gewalt ausbrechen. Der Film basiert
auf dem Roman "Der zerrissene April" des albanischen Schriftstellers
Ismail Kadare. Salles verlegte die Handlung von Albanien in das
nordöstliche Hinterland Brasiliens zu Beginn des 20. Jahrhunderts.
Seine bildgewaltige Erzählung versetzt er mit Mystik und Elementen
der antiken Tragödie. Die atmosphärische Dichte wird noch
verstärkt durch die Musik, die gekonnt alte Grabgesänge
mit folkloristischen Elementen mischt.
Parece que en algunas
regiones del Brasil hay una extraña costumbre. Cuando dos
familias se disputan una extensión de tierra, el primogénito
(A) de la primera familia, mata o intenta matar al primogénito
(B) de la segunda, y en caso de lograrlo se convierte en blanco
móvil o víctima potencial del segundo hijo de ésta
(B1) luego de que la camisa ensangrentada del B difunto vire del
rojo al amarillo bajo la fuerza de los elementos... Luego B1 será
a su vez perseguido por A1, que tras ensangrentar fatalmente y de
la peor manera la camisa del otro deberá temer las iras vengadoras
de B2, etc. Estas costumbres son muy diferentes a las nuestras,
pero cuando estos simpáticos campesinos compran sus rifles
y sus camisas, no usan sin duda alguna ninguna tarjeta de crédito,
a diferencia por ejemplo de los productores de ciertos films independientes
luego distribuidos por Miramax que no escatiman sin duda dinero
de plástico para buscar locaciones inolvidables, alquilar
grúas, realizar exquisitas tomas cenitales, pagar una esmerada
fotografía y el trabajo de multitud de técnicos y
actores a veces apolíneos en pos de una recreación
a la vez almibarada y supuestamente cruda de toscos ámbitos
agrarios si es posible exóticos, que alberguen tradiciones
suficientemente opresivas, sentimientos irrefrenables, y sacrificios
edificantes en pos de una nueva vida para alguien (en otro lugar).
Cabe agregar el dato curioso de que la historia
en que se basa este producto internacional filmado en Brasil fue
extraida de una novela ambientada en Albania, lo cual abre un par
de posibilidades: o bien existirían inimaginadas similitudes
culturales entre el hinterland brasileño y el albanés
(teoría del Tercer Mundo como reducto indiferenciado del
Homo precapitalista, refrendada quizás con conocimiento de
causa, según propias palabras, por el propio Salles luego
de una investigación documental-antropológica que
lo llevó hasta la tragedia griega); o bien el supuesto mercado
internacional al que naturalmente parece apuntar el film es apenas
capaz de reconocer y consumir algo más que un exotismo genérico,
dándole exactamente lo mismo Albania que Brasil; las diferencias
de costos darían cuenta del resto. Por cierto que sería
impertinente -se nos dirá- expresar reservas respecto de
esta segunda alternativa, en el remoto caso de que fuera la correcta:
todos los argumentos trabajan a su favor, el cine es una industria,
los paisajes brasileños son tan o quizás más
bellos y perturbadores que los albaneses, la naturaleza humana es
la misma en todos lados, sobre todo desde que existen la globalización
y el dinero de plástico, publicitado este último entre
paréntesis y paradójicamente con avisos que ponen
curiosamente el acento en particularidades pintorescas como ponerse
el sombrero al revés.
Uno de los aspectos centrales y reveladores en
que se apoya tal pintoresquismo globalizado en Detrás del
sol es la aparente minuciosidad con que se describen las labores
repetidas del trabajo del campo, sobre todo en un punto singular:
la noria de un trapiche. Más allá de ciertos motivos
o variaciones asociados con ella, como los bueyes que comprensiblemente
siguen girando solos una vez que se les saca el yugo, la repetición
toma aquí un aspecto mecánico de planos cortos y repetitivos
que parecería no tener otra intención que sugerir
rústica monotonía de un modo evidentemente económico,
con el mero recurso del montaje rítmico y el recorte del
detalle repetido. Tales procedimientos permiten la convivencia de
un modo frecuentativo implícito con una serie de variaciones
que escapan, se contraponen con aquél, y que tienen una función
dramática, acompañan las acciones y la paulatina "toma
de conciencia", por llamarla de alguna manera, de los personajes
principales, Tonho y su hermano. Además de su trivialización
por el paso del tiempo, el efectismo de ese montaje mecánico
se presta obviamente mal a la aparición de elementos inesperados
o incluso verosímiles que se aparten de la medianía
implícita de un relato en que todo aspecto, por mínimo
que sea, apunta, ilustra, conduce casi indefectiblemente a un cauce
dramático único. Recordamos en este punto una luminosa
escena de La Marsellesa de Renoir, aquella en que los protagonistas
se disponen a iniciar el largo camino a pie a París: alguien
explica y muestra a un personaje (y al espectador) la necesidad
y el modo de colocarse pasto entre los dedos de los pies para que
las ampollas no se vuelvan una tortura al cabo de un rato. El último
film de Walter Salles nos recuerda que tales iluminaciones repentinas,
no "funcionales", no pueden menos que resultar inhallables
en la mayor parte del cine actual.
Walter Salles, y su productor Arthur Cohn, alcanzaron
cierta notoriedad (de modo no del todo injusto, seguimos creyendo
a pesar de todo) gracias a Central do Brasil, film en el que todavía
era dable apreciar cierta apertura al mundo y a la invención
cinematográfica. Digamos para terminar que los niños
protagonistas del mundo de Salles parecen definirse a partir de
una carencia: a primera vista, Josué, el de su film anterior
no tenía padre ni madre; el niño de Detrás
del sol, por su parte, bastante más tonto, hay que decirlo,
carece de nombre hasta que un saltimbanqui circense lo bautiza con
el de un pez de río, el pacú.
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